Recuerdos hiperbóreos

Soy una mujer occidental, del sur de España más concretamente. Me gustan las cosas de mi tierra, sus paisajes, su música, la alegría especial de la gente de allí. Pero por alguna razón, mi alma resuena enormemente con el pueblo aborigen americano, especialmente el central y sudamericano.  Paseando hoy por Barcelona, ciudad a la que el destino me trajo, él sabrá por que, recorrí los numerosos puestos de artesanías situados en una conocida avenida. Uno de ellos llamó mi atención. Sonaba en él música tradicional andina, música que es capaz de inducir en mi un estado de paz en el que siento se detiene el tiempo. El aroma a palosanto junto con hermosas figuras de Quetzalcoatl talladas en madera, llenaba de solemnidad la mesa de la joven artesana. Unos pequeños sikus para turistas y coloridos atrapasueños, completaban el cuadro del pequeño rincón, un rincón hiperbóreo en la hermosa ciudad de Barcelona hoy en fiestas. Probablemente, en los escasos dos metros del pequeño puesto, se mezclaron culturas, épocas, dioses, tradiciones…pero poco importa cuando lo que ofreces forma parte de la cultura y tradición de pueblos que han tratado de mantener la sabiduría de sus ancestros, manteniéndose cercanos a lo natural, a la tierra, al instinto, a lo Humano.

Como me suele pasar cuando me encuentro un lugar así, resoné enormemente con la la energía que manaba del conjunto. Hace cuarenta años, no podía entender por que siendo española del sur, de la tierra de la alegría, era la música de un lugar desconocido para mi, la que emocionaba mi alma hasta el punto de las lagrimas  Hoy en día, varias décadas después y con el conocimiento que he podido adquirir y que cada día me esfuerzo en transmutar en sabiduría, reconozco mis orígenes hiperbóreos cuando entro en contacto con un pueblo ancestral cuyo respeto y amor por la naturaleza les hace estar mucho mas cerca de nuestra madre Gea de lo que estará jamas un europeo cabalista.

El espíritu del guerrero comienza a despertar, comienza a desperezarse de un descanso de cientos, porque sabe que llegó la hora de ejecutar. Por eso, el universo se encarga cada día de recordarte quien eres, ya sea durante un plácido sueño o en medio de un paseo por una bulliciosa ciudad, entre ruido de coches y personas que apenas te dejan caminar, y aunque las distracciones y zancadillas de los de siempre en ocasiones son duras, saben, sabemos, que ya perdieron.

Ahora haremos que se cumpla.

 

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